El productor y DJ rosarino pasó por nuestro espacio en el marco del ciclo #VoidTalks. Con 25 años de oficio sobre las espaldas, reflexionó sobre la psicología del club, el valor de las limitaciones en el estudio y la escuela argentina de cabina.
Pisar una cabina no equivale a entender una pista. En su paso por El Túnel Cultural para el ciclo #VoidTalks —impulsado por las productoras Void Forest y Garden Rituals—, Jorge Savoretti dejó asentada una distinción clave para el oficio electrónico contemporáneo: la diferencia estructural entre ser un simple selector de canciones y asumir la responsabilidad de ser DJ.
“Una cosa es ser selector: el selector presenta lo que eligió, pero el DJ dialoga con la pista”, remarcó el artista rosarino. En un contexto dominado por playlists algorítmicas y fórmulas rígidas post-pandemia, Savoretti reivindicó la sensibilidad térmica del piloto de pista frente a la exhibición pasiva de novedades.
Formado en el efervescente circuito de Rosario de los años 90 junto a Franco Cinelli, el cofundador de Savor Music y Música Lunar destacó el rasgo distintivo de la escuela de mezcla nacional: la capacidad de trabajar curvas de tensión dinámicas, alternando subidas y bajadas rítmicas frente a la uniformidad lineal que suele caracterizar al circuito europeo.
En el plano del laboratorio sonoro, Savoretti abordó el peligro de la inmediatez digital. Frente a la acumulación infinita de plugins y librerías, planteó la autoimposición de límites técnicos como catalizador creativo, reafirmando que la longevidad en la música de baile se sostiene con perseverancia, tolerancia a la negativa y honestidad estética.
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